Un medio privilegiado de saber si los aprendizajes se van integrando en los esquemas mentales de los alumnos es la observación en situaciones naturales en las que ellos puedan manifestarse sin interrupciones ni prevenciones de ningún tipo. Las actividades de enseñanza-aprendizaje crean situaciones idóneas de observación contextualizada.
Algunos aspectos sólo pueden conocerse mediante la observación de la conducta del alumno o alumna y de su forma de resolver los problemas y cuestiones en el aula. Es el caso, por ejemplo, del dominio de ciertos procedimientos o de la adquisición de actitudes, valores y normas.
Tradicionalmente, los instrumentos de evaluación en general y de observación en particular estaban diseñados para identificar los resultados del aprendizaje que realizaban los alumnos. Así, para comprobar la adquisición de contenidos de conceptos se empleaban pruebas escritas. Ello no resulta muy apropiado, ya que los conceptos se adquieren en la medida en que pueden aplicarse para resolver problemas en situaciones y grados diferentes, y nunca de una vez por todas, puesto que admiten niveles distintos de profundidad. En una prueba escrita, en la que no se plasman las explicaciones del alumno/a, difícilmente podrá constatarse esa adquisición gradual. En cambio, la observación a través de guiones de preguntas o del planteamiento de situaciones-problema puede servir también para valorar el aprendizaje de este tipo de contenidos.
En una concepción constructivista, la observación abre nuevas posibilidades, ya que permite acercarse a los procesos internos del aprendizaje y ofrece una información muy valiosa para el diseño de nuevas situaciones didácticas. Permite al profesor descubrir que los aprendizajes se integran de formas diferentes, que los alumnos usan distintas estrategias y que cada aprendizaje tiene un valor propio y específico para cada alumno.
La observación tiene como fin recoger información fiable y válida de un alumno, de un grupo de ellos o de la clase entera sobre algún aspecto relacionado con la vida escolar.
La observación debe permitir recoger información suficiente sobre el aspecto o dimensión evaluada, no fragmentaria y puntual. Emitir un juicio apoyado en poca e insuficiente información es un riesgo que debe evitarse en la medida de lo posible. Si la cantidad de información es importante, no lo es menos su calidad: la información no debe ser anecdótica, redundante y descontextualizada.
Información fiable quiere decir libre del prejuicio del observador. Sea quien sea la persona que observe, los resultados deben ser semejantes. Repetir la observación en distintos momentos o días y realizarla con dos observadores distintos son métodos útiles para controlar el riesgo derivado de la subjetividad.
Por último, una información válida es una información relevante y representativa. Ello depende de que se establezcan claramente ciertas preguntas para realizar una buena observación.
¿Qué observar?
Habrá que observar el trabajo escolar, lo que hace en las distintas dependencias de una institución docente, en especial, las aulas, pero no sólo en ellas. De toda la actividad de la escuela, nuestro punto de mira se centra en lo que sucede en las aulas.
Encontramos que el profesor y los alumnos interactúan: hablan, escriben, gesticulan, manifiestan emociones y sentimientos. Es conducta manifiesta. A través de ella, por un proceso de inferencia se pretende conocer, de algún modo, la conducta encubierta, la que sucede dentro de la mente de los sujetos. Si observamos a los alumnos es por una razón: a través de su comportamiento vemos reflejada la conducta docente del profesor. Éste no actúa sino interactúa o interacciona con los alumnos, en el proceso de enseñanza/aprendizaje. El profesor provoca con sus palabras y acciones, las experiencias que irán transformando el aparato conceptual de los niños, desarrollando, al mismo tiempo, las capacidades cognitivas y las actitudes ante los valores.
Los aspectos o campos a observar son o bien 1º producciones escolares, pruebas contestadas previamente por los alumnos, en una palabra: resultados de procesos educativos del aula; 2º los propios procesos o interacciones bien directa, bien indirectamente.
¿A quién o quiénes observar?
El profesor en el aula, los alumnos en el aula, durante la clase, el claustro, un equipo docente de nivel o ciclo, el grupo de profesores de un departamento, otros grupos de miembros de la comunidad educativa.
¿Para qué observar?
Las finalidades de la observación pueden ser de evaluación sumativa, o de evaluación formativa. Se dice que la evaluación es sumativa cuando se busca simplemente conocer unos resultados o procesos para informar a las autoridades administrativas, para otorgar una valoración o reconocer una capacidad. Los efectos de la evaluación sumativa responden a una necesidad social de conocer el estado o situación de sectores o elementos del sistema escolar.
La evaluación, por el contrario, es formativa cuando el objeto es retroinformar al sujeto o sujetos para que corrijan o varíen los futuros procesos, según los resultados que la evaluación aconsejen.
La observación del trabajo escolar puede tener las dos finalidades, alternativa o simultáneamente. A veces el inspector observará con la finalidad de informar a la superioridad para reconocer una capacitación, habilitación o acreditación, o bien con la finalidad de incidir en las actuaciones próximas del profesor o equipo docente evaluado con miras puestas en el mejoramiento de la práctica docente particular, o escolar en general.
¿Por qué observar?
Para recoger información, datos que permitan evaluar, bien con finalidad sumativa bien con finalidad formativa. Y se observa por la insuficiencia de los sistemas “pregunta respuesta” (cuestionarios, entrevistas, …) que en muchos casos el grado de objetividad (validez, fiabilidad y tipifidad) no está asegurado.
¿Quién observará?
El agente evaluador cuando observa tiene que tener algún tipo de autoridad que le permita obligar a que el sujeto o sujetos se dejen observar.
En principio podrían observar distintas personas: el director, el jefe de estudios, un compañero, un mentor (profesor tutor del profesor principalmente o en prácticas) y, por supuesto, los inspectores, los asesores de los Centros de Profesores y los miembros de los equipos externos psicopedagógicos (E.O.E.,…). Algunos pueden ser requeridos por el propio profesor o el propio equipo docente, para pedir orientación o consejo (en este caso, declara finalidad formativa), pero sólo el inspector de un modo abierto y no sólo ocasional,puede observar la clase.
¿Qué clases de observación existen? Según el criterio que adoptemos será la posible clasificación.
Si nos atenemos a la presencia física del observador cuando ocurre la actividad observada, encontramos: (Observación directa y observación indirecta)
Observación directa: es aquella en que el observador permanece en el espacio y durante el mayor segmento temporal posible mientras el observado u observador actúan con conductas manifiestas verbales o no verbales.
La observación directa presenta graves problemas de orden ético y de técnica psicométrica.
Observación indirecta: es aquella que es vídeo o audiograbada (electromagnéticamente) durante el tiempo y lugar en que sucede la interacción, sin la presencia del agente observador. Éste observará con posterioridad la grabación. Generalmente lo visto y/u oído se transcribe en notas con las palabras de los intervinientes, con acotaciones de la conducta no verbal captable (gestos, miradas, expresiones faciales,…). Sólo presenta un inconveniente: la videograbación no recoge las intervenciones de aquellos sujetos que se sitúan fuera del encuadre.
- Hace posible la autoobservación con todas las ventajas que para la corrección presenta, el sujeto no puede dudar de lo que ve y/u oye grabado.
- La vídeo o audiograbación permite revisar lo grabado todas las veces que se quiera y detenerse en segmentos específicos de la grabación (efecto moviola). Las limitaciones éticas y psicológicas están muy disminuidas con este procedimiento.
Si el criterio es la implicación del agente observador en el trozo de vida escolar que tiene ante sí, que observa directamente, nos encontramos con:
- La observación participante o etnográfica.
- La observación no participante.
En la primera (la participante), el observador interacciona con el o los observado/s, modificando el proceso que pretende observar. En sus notas de campo, el observador participante (etnógrafo) recoge su propia participación (preguntas, sugerencias,…). En la segunda (la no participación), el observador se aísla al máximo y es un mudo testigo que hace anotaciones, generalmente en un protocolo ya preparado, de lo que ve y oye durante la sesión.
Según se utilicen o no instrumentos estructurados de registro, la observación puede ser estructurada o no estructurada (etnográfica).
¿Dónde observar?
Se puede observar la interacción profesor-alumnos en el aula o los resultados (cuadernos,…) de las actividades de los alumnos, individuales o en equipo. Además de observar la “vida” en el aula o en otro espacio lectivo (gimnasio, sala de usos múltiples, taller, biblioteca, laboratorio, patio, …) se puede observar las intervenciones de los equipos de profesores, los claustros y otras reuniones de órganos colectivos de gobierno o coordinación pedagógica, que se dan en salas y despachos.